Excesos, miedo y oportunidades en los mercados

Una gran parte del aura que rodea a las grandes tecnológicas estadounidenses –más allá de su actividad concreta– se debe a su probada capacidad de seducción de los mercados financieros. Sin la banca de inversión, los fondos y la adrenalina de las muchas veces trepidantes jornadas bursátiles, Amazon, Netflix, Google y demás gigantes de la red no serían nada. Los rallies y las caídas vertiginosas forman parte de su indudable atractivo y de su magia... mientras todo va bien.

Durante más de diez años, desde la crisis financiera que dio origen a la Gran Recesión, la laxitud de la política monetaria de la Reserva Federal, junto con la consolidación de la revolución digital, dio paso a un crecimiento brutal del negocio de los gigantes de la red y... de sus valoraciones. El Nasdaq había tocado fondo en los 1.500 puntos a principios del 2009, poco después de la hecatombe de los mercados inmediatamente posterior a la quiebra de Lehman Brothers que le llevó a perder el 50% de su valor. Pero después... después ha vivido una auténtica locura.

 

¿Caro? El PER (múltiplo del beneficio incluido en la cotización) del Nasdaq ha pasado de 31 a 23 en seis meses

Desde el 2010, año tras año, fue encadenando récord tras récord. El Nasdaq se encaramó hasta los 16.000 puntos en octubre del 2021, sin importarle a nadie el mañana. Cuando aún estaba fresca la celebración de varias de las empresas más relevantes de haber superado el billón de dólares de valoración, Apple ya estaba en los tres billones. El índice tecnológico estaba caro, muy caro, con un PER –el múltiplo del beneficio que se contiene en el valor de mercado de una empresa– de 31, cerca de sus máximos. Aunque antes, a finales del 2019, había llegado a 34, volvía a dar auténtico vértigo. Aquello no podía durar demasiado...

Y sucedió lo inevitable. A partir de finales del año pasado –antes, por lo tanto, de las turbulencias asociadas a la guerra de Ucrania– se inició una corrección que, en algunos casos, ha sido muy severa y no se ha detenido. Las acciones de Meta Platform, la antigua Facebook, han caído casi el 40% en los últimos seis meses, mientras que Netflix supera el 70% y Zoom el 60%. Amazon, que parecía no tener techo, se ha dejado cerca del 30%. Y otras de las firmas más admiradas, como Tesla (-26%), Google (-21%) y Microsoft (-15%), han sufrido retrocesos muy relevantes. En el caso del Nasdaq, se ha dejado el 20%. Eso le convierte automáticamente en un mercado bajista, al estar ahora más de un 20% por debajo del máximo anterior.

Más allá del análisis individualizado de cada empresa, la huida de los inversores muestra el miedo ante la recesión que campa a sus anchas en Estados Unidos por el calentamiento de la economía, la inflación galopante y, por fin, el inicio del endurecimiento de la política monetaria por parte de la Reserva Federal. “Hoy, lo mires como lo mires, el sentimiento del mercado es muy pesimista, y se palpa el desánimo por todas partes”, comenta Kai Torrella, consejero delegado de Gesinter.

La presentación de resultados trimestrales no ha disipado las dudas generales. El pasado viernes, Amazon se despeñó un 15%, el mayor desplome en una sesión desde el 2006, por lo que el mercado entendió que eran unos resultados decepcionantes. Y el Nasdaq ahondó en su depresión. El famoso efecto rebaño está más vivo que nunca. “Los participantes del mercado están nerviosos, por lo que hay un disparador rápido cuando se trata de estos nombres que multiplican la incertidumbre”, asegura Keith Buchanan, gerente sénior de cartera de Global Investments en Atlanta. “Cuando las previsiones sobre el crecimiento de estas empresas no se materializan, definitivamente hay una mentalidad de ‘dispara primero y pregunta después’”, añade. ¿Se está llegando al suelo antes de rebotar? Nadie lo sabe con certeza, pero el PER está ya en 23, un nivel más razonable para quien tenga el coraje necesario para entrar.

El peligro de las altas expectativas

La bolsa se mueve tanto por los fundamentales –el negocio actual, con sus productos y servicios, su rentabilidad conocida, la deuda y el equipo directivo, etcétera– como por las expectativas. Estas últimas son las que adelantan a valor presente los beneficios que se esperan para el futuro. Y en el caso de las empresas tecnológicas, las que justifican que se paguen precios absolutamente desorbitados por algunas compañías, muy superiores a lo tangible. En cada presentación de resultados trimestrales, las apuestas de los inversores se ponen a prueba con una crudeza descarnada. Netflix, por ejemplo, mejoró un 10% los ingresos en el primer trimestre con relación al año anterior, y Amazon y Meta lo hicieron en un 7%. Pero el mercado les ha castigado estos días porque en ambos casos se trata del ritmo de crecimiento más bajo en la historia de estas compañías, según datos de Charlie Bilello, fundador y consejero delegado de Compound Capital Advisors. Hoy, muchas empresas no tienen la confianza de los inversores en que puedan seguir siendo tan excelentes. Solo es eso.

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